El equipo de El Estímulo ingresó al Teleférico Mukumbarí y pudo comprobar que aún está muy lejos de ofrecer comodidades a los visitantes. Aún así, trabajadores de instituciones gubernamentales, personalidades identificadas con el proceso y amigos del chavismo que llegan de visita, pueden disfrutar del viaje. Mientras tanto, el resto del pueblo merideño es excluido hasta que no se active la denominada “etapa comercial”.

La Plaza de las Heroínas podría ser la postal del país que anhelamos. Los niños corren, como en un comercial de detergente, dispuestos a ensuciarse en el tobogán. Los adultos observan a distancia, camino hacia la oferta de dulces caseros que los pulcros y ordenados vendedores ofrecen. De hecho, la fotógrafa de este reportaje se decidiría por un inmenso pedazo de torta de chocolate de 1.200 bolívares, que bien podría animar una fiesta infantil. Antes de ello, un grupo de tres hombres y cinco mujeres se fijaban en la entrada del Sistema Teleférico Mukumbarí. “Ve y le preguntas a la chama, ¿qué podemos perder?”, dice uno. La “chama” es una chica delgada, de bluejeans y camisa roja, que entra y sale del portón que divide a los mortales de los tocados por la gracia divina, es decir, de los que pueden encaramarse en el funicular. La duda paraliza al encargado de solicitar la “segunda” para traspasar la alcabala. El plan se cae.

¿Por qué estos muchachos no compran los tickets? Porque el Mukumbarí no ha abierto al público. O a todo el público, para ser más claros. “Estamos en la etapa precomercial”, explica Daniela, la encargada de darnos un tour “privado”. En el grupo que nos acompaña se pueden ver credenciales de ministerios, instituciones y medios de comunicación comunitarios. Es difícil sacar del guión a la guía. Va indicando el nombre de cada estación, la altura, la flora y la fauna que diferencia a una de otra. Para otras cosas, es muy escueta. “No, no tenemos fecha para la etapa comercial”. “No, no te sabría decir quién podría darte más información”. “No, no sabemos cuándo empezarán a operar los servicios de comidas y bebidas en todas las estaciones”. Los “no” salen con calma, una marca indeleble de la buena atención andina.

“Yo no lo conozco”, dice Richard, un merideño de pura cepa, que a sus 28 años conoce cada rincón de su ciudad debido a los tigres que mata como taxista de los visitantes caraqueños. “Tengo amigos y conocidos que, como trabajan para la Gobernación o con alguna dependencia del Estado, pues sí han podido entrar. Es muy raro, porque lo hacen como escondido”, explica. “Lo que pasa es que sí se han dado pequeños tours para algunas personas, pero no es lo regular”, responde Daniela, bajito, cuando le exponemos lo que nos contó el chofer.

Luego de cerrarse las operaciones en 2008 e iniciarse la remoledación en 2011, el 29 de abril de este año se anunció la culminación de los trabajos. En un micro informativo de la Televisora de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, Marleny Contreras, Ministra de Turismo, dijo que en los primeros tres meses se abrirían las instalaciones para el disfrute local: “En estos tres meses, se abran las puertas del Teleférico para nuestro pueblo, para las comunidades con menos recursos, para los niños, para los adultos mayores, para las personas con discapacidad, y para que el pueblo de Mérida sea el primero que conozca, valore, disfrute y defienda el Teleféico Mukumbarí, más alto, más largo, más bonito y más seguro del mundo. Esta es una obra hecha en revolución”.

Ese mismo día, el presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro, desde el Waraira Repano, contactó con la ministra. En la presentación, tras recordar que su “padre” Hugo Chávez Frías inició los primeros trabajos, aseguró: “Cada cabina contará con una capacidad de movilizar 60 personas, para que vayan con sus familias ahora en vacaciones (…). Actualmente se estima que movilizará entre 550 mil y 600 mil personas. ¡Naguará! Todo esto va a activar Mérida, ciudades y pueblos vecinos del estado Mérida y va a disparar tremendamente el turismo nacional”.

Sin embargo, en el Mercado Principal de Mérida, propietarios con más de 20 años de ejercicio en la zona, desconocen cómo es “Allá donde duerme el sol” (significado de Mukumbarí). En una encuesta flash realizada por El Estímulo a dueños de puestos de frutas, pastelitos y souvenirs ganó el NO a la pregunta: ¿Conoce usted el nuevo teleférico? La tendencia se repitió entre los empleados que trabajan en el hotel donde nos hospedamos . Un taxista que cubre la famosa Ruta de Los Páramos fue más enfático: “Ahí solo van enchufaos, amigos de enchufaos o gente que conoce a un amigo de un amigo de un amigo del enchufao“. Si nos lee desde afuera de nuestras fronteras, “enchufao” fue el término que el Gobernador del estado Miranda, Herique Capriles Radonski, popularizó para referirse a los grupos minoritarios que se benefician del poder.

Alejandra, Beatriz y Omar, que viajaron en carro desde Caracas para ver el regreso de la selección de Venezuela al estadio Metropolitano de Mérida, se quedaron con las ganas de desplazarse en el telesilla. “Nos dijeron que con suerte, tal vez conseguíamos que nos dejaran pasar. Pero no fue así, llegamos y simplemente estaba cerrado. Solo entraba y salía gente de los departamentos administrativos”, señala el hombre del grupo.

Para subir al teleférico no debe haber firmado para el Revocatorio

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